martes, 18 de noviembre de 2008

Caballo de los sueños

Innecesario, viéndome en los espejoscon un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,arranco de mi corazón al capitán del infierno,establezco cláusulas indefinidamente tristes.
Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,converso con los sastres en sus nidos:ellos, a menudo, con voz fatal y fríacantan y hacen huir los maleficios.
Hay un país extenso en el cielocon las supersticiosas alfombras del arco irisy con vegetaciones vesperales:hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.
Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,vestido como un ser original y abatido:amo la miel gastada del respeto,el dulce catecismo entre cuyas hojasduermen violetas envejecidas, desvanecidas,y las escobas, conmovedoras de auxilios,en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:yo rompo extremos queridos: y aún más,aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:un sabor que tengo en el alma me deprime.
Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,compacta, digital, me favorece!He oído relinchar su rojo caballodesnudo, sin herraduras y radiante.Atravieso con él sobre las iglesias,galopo los cuarteles desiertos de soldadosy un ejército impuro me persigue.Sus ojos de eucaliptos roban sombra,su cuerpo de campana galopa y golpea.
Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,un deudo festival que asuma mis herencias.

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